Escritos Colaterales

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Location: Haedo, Buenos Aires, Argentina

Sunday, September 12, 2010

Dios y otros temas

La semana pasada, Stephen Hawking, el reconocido físico que ganó su fama y su mérito por sus trabajos sobre los agujeros negros, lanzó su primera gran obra tras diez años y reavivó una ancestral polémica que ha costado siglos de guerras a la humanidad. En “The Grand Design” (“El gran diseño”), el premiado científico aseguró: “En vista de que hay una ley como la de la gravedad, el universo puede crearse y se creará a partir de la nada. La creación espontánea es la razón por la que hay algo en lugar de nada, por la que existe el universo, por la que nosotros existimos”. Según estas palabras, Hawking sostiene que el universo podría haber sido creado sin la intervención de Dios.
Lo fascinante de la polémica, es que esta mente brillante, no sólo se atreve hoy a debatir esta idea con la comunidad científica y la sociedad, sino también consigo mismo, ya que en su “Breve historia del tiempo”, él parecía admitir la existencia de una deidad creadora, explicando que el conocimiento humano podría permitir “conocer la mente de Dios”. En 2010, el erudito se refuta a sí mismo y asevera que el universo puede ser explicado mediante fórmulas complejas.
A Hawking, este trabajo le llevó unos diez años de estudio e incluye muchos de los descubrimientos que se han hecho sobre el cosmos en todo ese período.
La red 2.0 deja en evidencia lo fácil que es discutir absolutamente cualquier tema con la liviandad más absurda y con esa clase de insolencia que solo da la soberbia del que cree conocerlo todo. Hawking, una mente como pocas en el mundo, que admitió que hasta él mismo podía refutarse, puede ser discutido, minimizado e inclusive insultado por cualquier taxista, con el debido respeto que seguramente merezcan los taxistas.
Ni bien se difundió el trabajo, la red 2.0 multiplicó al infinito los comentarios a favor o en contra de la existencia de Dios, como si se tratara de un referendo en el que la mayoría o el que insulta con letras más grandes consiguiera ser dueño de la verdad.
Esto ya no es sorpresa. No nos volveremos conservadores en 2010, ya entrado el siglo XXI. Nadie se asombra ya de este fenómeno denunciado por Enrique Santos Discépolo en “Cambalache”, a mediados del siglo XX, y por Voltaire, en el XVIII (y por tantos otros). Todos sabemos que ya todo es igual.
¿Pero qué pasa cuando los que no saben son los que tienen que saber? Uno entiende que un taxista (perdón por la insistencia con el rubro) pueda no haber leído la obra de Hawking, que no conozca los trabajos de Newton y que no entienda la teoría de la relatividad (incluyendo la posibilidad de “doblar el universo”, que sería maleable). ¿Qué ocurriría si, por ejemplo, un legislador votara leyes que no leyó e inclusive las defendiera encendidamente? ¿Y si un arquitecto construye edificios sin entender los procedimientos básicos de la edificación urbana? ¿Y si un policía no entendiera qué es lo que la Ley le permite? La impericia se ha hecho carne en nuestra sociedad, al punto tal que desarrollamos un culto a la improvisación. Y otro culto, aún más grande, a la soberbia.

Xenofobias orgánicas

Durante los últimos meses, las líneas de esta sección han insistido, por una u otra razón, en la inminencia de un brote global de xenofobia simbólica y concreta, de discriminación organizada y han alarmado también sobre el retorno a episodios atroces en la historia de la humanidad. El nazismo no ha resurgido de sus cenizas porque su brasa nunca se apagó y siguió ardiendo en el corazón de la sociedad capitalista.
Los escenarios que se vislumbran tras la crisis financiera internacional tienen el mismo color que los que vieron los hombres y mujeres durante las décadas de 1920 y 1930. La caída de los negocios de la especulación generó cierre de industrias y comercios, desempleo, caída del consumo, falta de dinero circulante, hambre, luchas sociales, guerras... los síntomas son innumerables. Pero de una u otra manera, el sistema siempre se las arregló para buscar chivos expiatorios en los extranjeros, en quienes profesan otro credo y en quienes tienen otra historia, otra preferencia sexual u otra ideología.
Para el mundo, 2010 será recordado como el año en que la xenofobia volvió a ser sistematizada y orgánica. Y esto, es solo el comienzo.
El puntapié inicial (la palabra puntapié nunca fue mejor utilizada) lo dio el estado de Arizona, en los Estados Unidos al modificar sus leyes migratorias, no solo para expulsar a los extranjeros en situación irregular, sino también para considerar como “potencial ilegal” a cualquier presunto delincuente capturado. Esto significa que cualquier persona sospechosa deberá someterse a una averiguación de su situación migratoria, considerando que criminal y extranjero, son casi sinónimos. Esta medida ha sido condenada por otros estados y por el propio Gobierno de Barak Obama, pero entró en vigencia.
Y Europa nunca se queda atrás, porque se considera pionera en la materia. España, Italia, Francia, Alemania, las grandes naciones de la Europa Occidental (descontemos a Gran Bretaña, porque queda lejos de la Europa pobre y además es excluyente en costo de vida), iniciaron hace tiempo la expulsión no formal de inmigrantes africanos, asiáticos, latinos y, sobre todo, de europeos no comunitarios.
Solo el año pasado, Francia deportó hacia Rumania y Bulgaria unos 10.000 gitanos. Pero en 2010 este tipo de medida pasó a ser formal, orgánico, sistemático. Se abrió una literal cacería de inmigrantes “sin papeles”, que hoy son los que sostienen laboralmente la fuerza productiva de cualquier país de los que se consideran “el primer mundo”. La semana pasada comenzaron los primeros vuelos y los deportados se multiplican por miles.
En tanto, se estima que uno de cada diez inmigrantes en el planeta proviene de Latinoamérica y el Caribe (dato de Naciones Unidas), solo si se toman como referencia los migrantes legales, pero la cifra sería muy superior. Argentina, por su parte, sería uno de los principales receptores de inmigrantes intrarregionales y esa cifra será corroborada luego de que se realice el Censo 2010.
Los cálculos previos indican que en el país viven, trabajan, se educan y pagan impuestos unos 2 millones de bolivianos, unos 260.000 paraguayos (en situación regular), más de 80.000 peruanos y al menos 40.000 uruguayos (la cifra surge del padrón electoral de uruguayos en el país), además de 60.000 chinos y 35.000 coreanos, solo por nombrar algunos. Y esto, en un país que rasguña los 50 millones de habitantes.La Argentina, a pesar de que de una u otra manera se encarga de discriminarlos, ha sido un verdadero ejemplo en la región y en el mundo. Tal vez sea una buena oportunidad para no copiar ciertos modelos y desarrollar un país más inclusivo, con oportunidades para todos.

La era nuclear

La semana pasada se cumplió un nuevo aniversario del Holocausto en Hiroshima, que puso fin a la Segunda Guerra Mundial, hace ya 65 años. En Cuba, Fidel Castro reaparece en el ámbito público tras su larga y complicada enfermedad para advertir al Parlamento de su país que el mundo se acerca casi inevitablemente a una guerra nuclear, al punto de dirigirse por primera vez al presidente estadounidense Barak Obama. Los gobiernos de Iran y Corea del Norte endurecen su posición y rechazan los condicionamientos de Naciones Unidas para la producción de energía atómica. Obama, último premio Nobel de la Paz, los amenaza con una intervención militar (y civil, como siempre ocurre), retira sus tropas de Irak, refuerza su ejército de ocupación en Afganistán y se queda con decenas de miles de soldados disponibles para utilizar donde desee. Después de casi cuatro meses, la empresa British Petroleum (BP) logró sellar la pérdida en su pozo marino del Golfo de México, tras derramar unos cinco millones de barriles de petróleo crudo, en la mayor catástrofe ambiental que se recuerde. Estados Unidos está a punto de firmar un acuerdo para comenzar a producir energía nuclear, nada menos que en Vietnam.
Es hora de hablar de energía nuclear, pero en serio, sin entrar en ecologismos torpes.
Como es de conocimiento público, la energía producida por combustibles fósiles no es renovable y tiene los días contados. Es probable que el barril de combustible crudo jamás vuelva a costar 60 dólares, tal como puede comprobar cualquier conductor que pase por la estación de servicio a cargar un tanque de nafta.
En todo el mundo se siguen haciendo intentos para generar energías alternativas. En la última semana se conocieron algunos intentos por desarrollar aviones eléctricos y la idea de instalar molinos de energía eólica en medio del mar, para aprovechar al máximo el poder del viento. Inclusive varios países como Brasil han avanzado hacia energías provenientes de combustibles biológicos, como el etanol, que compite en precio con el gasoil, pero abrió una polémica respecto a qué pasaría si las superficies sembradas para alimentos se suplantaran con cultivos para biocombustibles. Y ni que hablar del éxito parcial de la energía solar, que resulta sumamente útil para paliar la falta de tendidos eléctricos en zonas alejadas (como ocurre en algunas zonas del Norte argentino), pero que no dan indicios de que puedan abastecer a una sociedad, con sus transportes, sus fábricas y su vida diaria completamente digitalizada.
Por eso, es hora de que la energía nuclear deje de ser un tema solamente ligado a los conflictos bélicos y pase a formar parte de la agenda cotidiana. Al finalizar la última Cumbre del Mercosur, en San Juan, Argentina y Brasil firmaron un acuerdo de cooperación en esta materia, que no tuvo repercusión, pero que abre la puerta a la producción de esta energía en conjunto. Argentina, no solo ha sido pionera en esta materia, sino que hoy es una de las principales proveedoras de tecnología para el enriquecimiento de uranio, lo cual genera trabajo calificado y posicionamiento industrial en el mundo.
La población debería ser informada de que se trata de una industria segura; que la catástrofe de Chernobil (también una catástrofe ambiental) dejó 80 muertos, pero que las condiciones de la industria automotriz le quitaron la vida a 2 millones de trabajadores en 2007 (para no hablar de su impacto en el ambiente); y que, tal vez, ligar su desarrollo a cuestiones bélicas les convenga a quienes buscan tener el control de esa energía en el futuro.