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Saturday, July 31, 2010

Dos modelos

Los matutinos porteños y los canales de noticias, especialmente los pertenecientes a los grandes monopolios, siempre hablan bien del Brasil de Lula. Les encanta el tipo. Más que nada, porque no vive ni gobierna en la Argentina. Casi les erotiza que se reúna con empresarios, hable de rentabilidad, que se muestre ante la comunidad internacional como un líder que representa a un mundo no alineado con el imperio, que recorra las zonas marginales y que aplique políticas de redistribución de los recursos sociales. Gracias a todo esto, el hombre ha logrado librarse de aquel feo mote que le habían puesto. “Sindicalista”, le decían. Pero ya no; no tiene por qué cargar con ese horrendo pasado y, además, “quién no tiene un muerto en el placard”, sostienen.
Pero además, Lula tiene números para exhibir, además de las pruebas incontrastables de la solvencia de las empresas estatales. El tema, es que a diferencia de mandatarios anteriores, se enfocó en el desarrollo industrial, especialmente en las llamadas industrias duras, innovación tecnológica, turismo y servicios, a la vez que buscó “blanquear” a sectores sumamente informales como el agropecuario o el de la construcción.
Y como si fuera poco, ha logrado mantenerse en armonía con la región. Participó de la creación de Unasur, maximizó las relaciones comerciales con países como Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Ecuador y Venezuela, entre otros.
Lamentablemente, le queda muy poco tiempo de mandato.
Nada que ver con nuestra presidenta. ¡Cuánto que tiene que aprender de Lula! Por algo a los medios no les gusta. Y razones no les faltan. El hecho de que Cristina Fernández de Kirchner, también conocida como Cristina o simplemente como CFK, se reúna con empresarios les revuelve el estómago casi tanto como que hable de rentabilidad o que se muestre ante el mundo encabezando un grupo de países aislados por no seguir el ritmo del resto del planeta. Y eso para no hablar de sus políticas demagógicas y populistas a las que llama “redistribución”. No puede evitarlo, porque su pasado de “montonera” la condena y, como se sabe, nadie puede librarse de su pasado. Uno es lo que es, ¿no?
Esta mandataria de tendencia claramente estatista, lo único que hace es exhibir números que se basan únicamente en su extraño enfoque económico basado en el desarrollo industrial, especialmente en las industrias duras, la innovación, el turismo y los servicios, dejando de lado al capital financiero que tantos buenos resultados le ha dado al país. En ese mismo sentido, también parece incomprensible la injerencia del Gobierno en el Campo y la construcción, verdaderos constructores de la historia del país, que fueron y son sometidos a una gran presión fiscal.
Pero lo peor de todo quizá sea el aislamiento que ha sufrido la Argentina al enfrentarse al mundo civilizado, apostando a las relaciones carnales y corruptas con el tercer mundo. En contra de toda lógica, Cristina participó de la creación de ese invento titulado “Unasur” y se dedicó a ligarse de manera poco conveniente con Brasil, Chile, Uruguay y otros estados dictatoriales como Bolivia, Ecuador y Venezuela. Por suerte, ya le queda poco tiempo en el poder.
Y bue..., evidentemente, se trata de dos modelos diferentes.

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