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Monday, July 31, 2006

El foso más grande del mundo


Miles de hombres armados marchan a través de un bosque de espesas ramas frondosas. El lodo los mancha, pero el brillo de sus armas les concede la falsa nobleza que la guerra otorga siempre en la literatura para niños o adolescentes al que porta armas y marcha a la guerra por un bosque. La imagen heroica del soldado medieval es, sí, un tópico.

Ese soldado y miles más cruzan ese bosque cargando sus armas, sus alimentos, sus ropas, sus doncellas, sus no doncellas, sus reyes con sus amplias y cómodas carpas. En fin, todo lo indispensable para entablar un combate aceptable por la estética romántica. Marchan hacia el castillo enemigo.

Por supuesto, el castillo posee unos muros altísimos, por encima de los cuales pueden verse aún sus torres de piedra sólida y sobre ellas, banderitas de colores. Ocurre que muchas veces los hombres, acostumbrados a los desafíos de la ingeniería militar, han logrado escalar, trepar y hasta derribar esos muros. Por eso, cuando aquellos soldados de folletín lleguen al fin del bosque y el castillo se les manifieste, se encontrarán con una prueba más: el foso.

Los primeros fosos eran profundos y estaban hechos para impedir el acceso de la maquinaria bélica al pie del muro. Pero las máquinas, cada vez más versátiles, los sortearon. Luego los fosos se llenaron de agua y funcionó durante un tiempo, pero no resultaba suficiente. Más tarde, los señores llenaron esas aguas de bestias sedientas de sangre y cuentan que, en un tiempo, hasta se ponían dragones, con el gasto que ello representaba.

La historia oral cuenta que hubo una vez un rey poderoso que ordenó crear el foso más grande del mundo. Sus siervos, sorprendidos, preguntaron: “¿Cuánto más grande, Señor?” “Tan grande como las naciones que nos rodean”. Y comenzaron a cavarlo. Primero envió a sus emisarios a exigir la retirada de todos los pueblos vecinos, el abandono de todos sus derechos y la sumisión incondicional al rey, que ejercía así su legítimo y real derecho de defensa.

Muchos se fueron y muchos fueron eliminados. Naciones enteras expulsadas. Miles de personas degolladas o quemadas o atravesadas por los brillantes metales. El foso comenzaba a tomar forma, sólo restaba arrancar los pastos y las inservibles edificaciones. Ya limpio el terreno, el rey ordenó: “Llenen el foso”. Y sus siervos callaron, porque sabían que ya estaba lleno.

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